DR que erre

25 abril 2008

Esas bellas anécdotas que proporciona el Saló del Còmic

Quería haber hecho este post el lunes, pero por culpa del curro, hasta hoy no he podido. Y sin más dilación, los mejores momentos de mi Saló del Còmic particular:

Vayamos primero con lo peor, para pasar cuanto antes por el mal trago. Exacto, los fanzines. En un arranque de generosidad, y porque no decirlo, apollardamiento, compré ¡dos!, repito, ¡dos! Ais, quién me ha visto y quién me ve... Los afortunados fueron éste y éste. Al menos, el tercer fanzine me salió gratis. Claro que teniendo en cuenta que éstas son algunas de sus viñetas, si no me lo llegan a dar, la sangre llega al río. O a los juzgados.

[Nota mental: si alguien -un caso hipotético- me hace una bonica dedicatoria en su fanzine... cuando me enseñe el dibujo y me mire expectante a ver qué me parece, lo que NO debo decir bajo ningún concepto es "Qué bonita letra tienes". Feo. Puede resultar humillante. El pobre hipotético se queda echo polvo y necesitado de consuelo]

En cuanto a mis sesiones de firmas, pues las peticiones típicas. Hay dos variantes: los que quieren un dibujo sexual y bizarro (este Salò se ha llevado la palma el que me ha pedido un pingüinófilo en acción) y los que piden personajes de lo más estrafalario pegándose piños. Por 25 pesetas, un, dos tres, responda otra vez: Naruto vs. Sasuke (versión shippuden), Mokona vs. Hamtaro, DinoKid vs. Son Goku transformado en ohzaru, Jackie Chan vs. una mona ninja tetona (olé tus cojones, Tete!), etc. Para rizar el rizo, hay quien me pide con premeditación y alevosia que los personajes sean el Niñotaku y Seiya. Amándose. Con la de balas que se desperdician en miles de guerras estúpidamente cada día, y ellos ilesos.

Entre tanta depravación y frikerío descontrolado, un rayo de luz y esperanza: la nueva generación, pura e inocente (aún). Los críos que me piden a su minimonster favorito o a DinoKid. Normalmente están muertos de vergüenza y sus padres han de acabar hablando por ellos. Me lo hacen pasar genial, uno incluso traía de casa un dibujo para mí: ¡Francesco, el hermano de Frank Einstein Jr., creado para la ocasión por Nacho! Como me dijo una de las chicas de Norma al ver los niños de mi cola, "¡Tú tienes los fans más chulos!". Después alguien me pidió una Zuzan sadomaso y ella se dio cuenta de la triste realidad.

Mención especial merecen las peticiones de dedicatorias simiescas promovidas por cierto famoso blogger de mente sucia. Por culpa de su nefasta influencia, una horda de descerebrados pidió a todos los autores que pillaban por banda un dibujo con monos. O, la variante especial de la casa, con monos ninja. Como se puede apreciar en su salón de trofeos, yo no me libré. Por los mentideros del interné ya se escucha que el año que viene la consigna será pedir monos tiroleses. Tiemblo.

Bromas aparte, todas las sesiones fueron bien... excepto la del stand de Planeta. Vale que Jesús Sáiz o Victoria Francés, compañeros de stand, tienen bastante más tirón que yo... ¡pero es que en una hora solo me pidieron cuatro tristes dibujos! Al acabar la sesión y levantarme, vi una posible explicación. Todos los autores de la sesión tenían detrás de ellos un cartel con su nombre... ¡excepto yo! ¡Boicot! Y todos los autores tenían detrás un póster con la portada de alguno de sus cómics, portada en la que se veían sus nombres. En cambio, el póster que yo tenía detrás era de éste cómic. Busquen mi nombre en la portada, busquen. ¡Boicot, boicot! ¿Malvada Planeta, qué será lo siguiente en tu lista de maquiavélicos planes para hundirme? ¿Ponerme una demanda? Oh, wait... En fin, al menos cuando vi el cartel supe porqué minutos antes uno de los fans de Jesús Sáiz me había dicho: "Peeero... tú no eres Enric Sopena, ¿no?". Es que ese comentario me había traumatizado más que la niña de Rajoy...

Y hablando de políticos, con qué descaro roba la gente, oiga. Estaba yo tan feliz firmando en el wonderfuloso stand de les Illes Balears cuando uno de la cola coge un Haciendo Amigos que había de muestra y comienza a ojearlo. Éste. OK, no problemo. Pero de repente empieza como a irse. Yo sigo firmando, mientras lo espío por el rabillo del ojo. Así me salen los dibujos luego... Mr. Manos Largas primero camina poco a poco, de lado, como una versión de geriátrico de un baile de Coyote Dax. Pero luego continúa alejándose, ya a paso normal. Y sin dejar de leer el Haciendo Amigos. Cuando se ha alejado más de diez metros, SuperDR se arranca la camisa y deja entrever el traje de lycra que lleva debajo. Corro hasta él, y le comunico que se está llevando el cómic del stand. El cómic que se está leyendo en estos momentos. A lo que él responde "¡Uy! No me había dado cuenta". O sea, macho, QUE TE LO ESTABAS LEYENDO. "Ay, señorita dependiente del Caprabo, no me había dado cuenta de que se estaban yendo conmigo estos donetes que estoy masticando". "Uy, señor dependiente del sex-shop, no había notado que me estaba llevando este dildo que me estoy metiendo hasta el fondo, flus, flus". No cuela. NO.

En fin, cambio de tema, basta de sesiones de firmas. ¡En el Saló también puedes hacer otras cosas! Como enterarte de cotilleos de lo más jugoso: que si Tal abandona la editorial X, que si Pascual entra como nuevo editor en la editorial Y, que si la editorial Z va a apostar fuerte por los autores españoles, que si las editoriales Menganita y Fulanita se fusionan... pero no voy a hacer la guarrada de contar todos esos secretos. Porque soy un tío discreto, ¿eh? No porque de la mitad me haya enterado a posteriori y a medias...

Y hablando de guarradas... Sexo Raro. Su realización ha reportado multitud de momentos curiosos a mi vida. Si una conversación decae, no hay nada como comentar que hay gente a la que le excita disfrazarse de peluche. En el Salò pude comprobar como la gente me comentaba, por si las quería usar en mis páginas de la Eros Cómix, filias sexuales de lo más extrañas (que, por supuesto, conocían por un amigo de un amigo bla bla blá). ¡Gracias a todos! Pero creo que la gente que se excita con chicas descalzas pisando charcos no da para llenar dos páginas de chistes. Eso sí, ya no volveré a pisar ningún charco sin sentirme mal. Y más si es éste.

Siguiendo con Sexo Raro, una anécdota curiosa. Un (muy buen) dibujante me comentó que daba clases de dibujo en una escuela. Y que un día se le había ocurrido llevar una Eros Cómix a clase. Resultado: todos los alumnos acabaron leyendo mi sección (eran adultos todos, no sus asustéis). La cuestión es que a uno de ellos le gustó tanto que se compró el recopilatorio... y al cabo de unos días, se quejó al profesor. ¡Había tenido pesadillas de lo más "extrañas y perturbadoras"! ¡Y para colmo, se había despertado con el mástil izado! Gente, ya sabéis a lo que os exponéis si lo leéis... Cuando saque el segundo recopilatorio, ya tengo eslógan: ¡Como el Viagra, pero sin receta!

Y ahora continúo con los dibujantes anónimos. Otro de ellos sacaba una novedad en el Salò, bastante esperada por mí. El viernes, nada más entrar, fui al stand de la editorial que la publicaba, para comprarla. Al no verla por el mostrador, le pregunté al tendero, extrañado. "¿Tenéis el XXX?". "¿Eh? ¿Eso qué es? Lo que ves es lo que hay". OK, vamos bien. Me fui, con la intención de preguntarle al autor en cuanto lo viese... cosa que sucedió tres horas después. Él me contó su experiencia en dicho stand: "¡Hola! ¿Y el XXX?". "¿XXX?". "Sí, lo sacábais para el Salò. No lo veo...". "No sé nada de eso". "Yo soy ZZZ". "¿Y?". "¡Soy el autor de XXX! ¡Tengo una sesión de firmas aquí y ahora!". "No sé nada de eso". Ah, la profesionalidad, esa gran desconocida...

Y ya que estoy en territorio cotilleo total... ¿saben aquell que diu que llega un autor extranjero -invitado del Salò- al aeropuerto de Barcelona, y al ver que no hay nadie esperándole y lo cutre que es todo, llama con un ataque de ansiedad a su representante preguntándole que en qué clase de país tercermundista está? Por suerte, al final lograron calmarlo. Pobre, si no es culpa suya, es que debe ser estresante que una vaca te lama el pelo todas las mañanas...

Más. La mejor descripción que escuché de Melinda Gebbie, compañera sentimental de Alan Moore y co-autora de Lost Girls, salió de boca de un editor que mantendremos en el anonimato: "No sé quién tiene más barba, si ella o su marido". No pude verificarlo porque no vi de cerca a la susodicha... es que se me quitaron las ganas, oye.

Y como colofón, la esperada cena de Norma. Esperada, porque todo el mundo llegó tarde intentando localizar el maldito local donde se celebraba. Era muy triste ver como la gente de la editorial recorría arriba y abajo el paseo marítimo como almas en pena, una y otra vez, en busca del restaurante. En mi deambular me acabé encontrando con varios editores que estaban en las mismas, así que se nos hizo más llevadero. Pero la espera mereció la pena. El sitio estaba muy bien, y los dibujeros de la ¡Dibus! (Ricardo, Juan Carlos & Noe y un servidor) nos lo pasamos genial en nuestro rincón apartado del mundanal ruido. Lástima que al ser dibujantes, los demás ya contaban con que comemos poco (debido a nuestros paupérrimos sueldos) y no nos avisaron para el segundo plato. ¡Yo os maldigo! Intentamos remediarlo a base de pegarnos un atracón de postres, pero no fue lo mismo, aunque el subidón de azúcar estuvo bien. ¡Exigimos un plato de deliciosa carne junto con nuestra próxima nómina! No, en serio, la cena estuvo genial...

...y todo el Saló, en realidad. ¡Chínchate, Pedro! Como siempre, un placer el contacto con el público y el reencontrarme con un montón de gente. ¡Ya espero el siguiente!

Y ¡ey!, si habéis llegado hasta el final, gracias por aguantar el tocho.

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